miércoles, 9 de marzo de 2016

La culpa la tiene Rousseau. Artículo de opinión.

Nuevo libro, viejo debate. 
A propósito de la entrevista publicada recientemente en el Diario El Mundo con el rimbombante título: "La Pedagogía ha dejado en los huesos a la educación"

 "Las injurias son las razones de los que tienen culpas" (J.J. Rousseau). 

Recuerdo hace unos años con los previos de la LOCE una conferencia pronunciada por entonces la Ministra de Educación, Dña. Esperanza Aguirre, que entre otros argumentarios echaba la culpa a Rousseau de los 'fracasos ideológicos-pedagógicos de la LOGSE'. Rousseau ese personaje infame que destacó en casi todos los órdenes y que influyó en tantos saberes y humanidades, inaugurando junto con otros "peligrosos" ilustrados el proyecto educativo revolucionario de la Enciclopedia. 

 Cuando leí aquel argumento me puse a estudiar el origen ideológico de determinada afirmación ministerial, que venía acompañada de la idea fuerza de la reforma LOCE: "refuerzo de las humanidades y cultura del esfuerzo". Es decir, vuelta a la escuela tradicional. Y cuando digo vuelta, más bien pienso en el paseo que supuso el espejismo de la LOGSE que consagraba una escuela activa, compresiva e igualitarista y que en el día a día a penas arrancaba a duras penas la escuela de sus viejas raíces de escuela tradicional, como 20 años antes lo había intentado su antecesora la LGE de 1970, curiosamente y, también, con poco éxito. 

 La Ministra sin darse cuenta o siendo muy consciente con ese discurso inaugura la corriente "dormida" de la "antipedagogía" que coincide casi en la forma y en el fondo con este "panfleto antipedagógico", en la idea de que la Pedagogía (Emilio de Rousseau se le considera como el primer tratado de pedagogía contemporánea. Pedagogía = Rousseau) es la culpable de los males del sistema escolar. Por lo tanto, la culpa de nuestro fracaso escolar la tiene Rousseau (la pedagogía, en su conjunto). 

 En semejante panfleto, llevado a titular de periódico, se afirman cosas que si las lleváramos a otros órdenes de la realidad, como por ejemplo la salud pública, vendrían a afirmar que la Medicina es la culpable de las enfermedades y de la muerte que se produce en nuestro país. Y que desde que hay médicos en los hospitales lo único que hacen es utilizar una jerga extravagante para curar lo incurable y no conseguir revertir la muerte. Sin embargo, a pesar de lo que opina este ilustre profesor (emérito), los males del sistema escolar ya estaban bien identificados en los años 70. Escuelas e institutos que a penas, en los 70, eran capaz de sacar adelante al 30% de la población, dejando al 70% al ostracismo de la incultura y la escasa formación general y técnica. Y hay que añadir que en la escuela de los 70 y anteriores, los pedagogos ni nos atrevíamos a aparecer no fueran a meternos en el trullo. 

Echando la vista atrás con relación a la Historia de la Educación en nuestro país, uno encuentra explicaciones a tamañas barbaridades vertidas en ese manifiesto y en la entrevista que la acompaña. Cuando uno repasa la historia de nuestro país encuentra que desde, al menos, el Siglo XVIII y los ilustrados un continuo intento de reforma de la escuela tradicional, entonces representada por la escolástica y especialmente por los jesuitas. Fue Carlos III, cuyo centenario de su nacimiento celebramos este año con tan poca alegría por parte de las instituciones, el que expulsó a los jesuitas (1767) en un intento de modernizar y reformar nuestras instituciones educativas (Pablo de Olavide y la Reforma de la Universidad de Sevilla), en coherencia con los vientos reformadores que ya se estaban produciendo primero en los países "reformados" y posteriormente en nuestro vecino el francés. Son muchos los intentos durante este periodo, con personajes tan destacados como Jovellanos, Campomanes y el Conde de Aranda, entre otros, que intentaron la reforma de la instrucción en todos sus ámbitos. 

Desgraciadamente todo quedó en éso, intentos de reforma: supresión del método de los dictados, introducción del método concéntrico, introducción de la lengua vernácula como vehículo de aprendizaje académico, de las bellas artes, la educación física, introducción de las ciencias "útiles", creación de instituciones para la instrucción de las primeras letras y de la educación secundaria de las mujeres,... contando por supuesto con la feroz oposición de los representantes del antiguo régimen. Con la invasión francesa todo queda en el olvido, salvo el espejismo de la Constitución de 1812 que recuperó en su articulado lo más granado del reformismo del reinado de Carlos III y sus ministros ilustrados, también en el terreno de la educación. 

Desgraciadamente la historia del S. XIX no supuso prácticamente ningún avance definitivo en la mejora de la instrucción pública, salvo la publicación de la Ley Moyano 1857 que recuperaba en parte, solo en parte, los intentos renovadores de la instrucción pública en España, dominada por la escuela tradicional y la última mitad del S. XIX con la creación de la ILE. Pasado el siglo (XIX) salvo la ILE (ver principios educativos de la ILE), la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones científicas, presidida por Ramón y Cajal y la Escuela Moderna de Ferrer i Guardia, el sistema escolar en nuestro país vino representado por la escuela tradicional y por un analfabetismo de casi el 90% de la población. Son los intentos de renovación pedagógica de la II República los que traen un nuevo impulso para la creación de escuelas, mejora del magisterio, introducción de nuevas metodologías de enseñanza, las que ya se usaban y utilizaban en todo el mundo desarrollado (Escuela Nueva) y las que ya se utilizaron por la ILE, el Insituto-Escuela y la Escuela Moderna, inspirados en los principios del naturalismo pedagógico de Rousseau y Pestalozzi. 

 Sin embargo, desde el primer momento en la Dictadura, incluso en plena contienda, se apunta a la ILE como inspiradora de los "desmanes" de la II República, proclamando su supresión y depuración junto a la Junta de Ampliación de Estudios, ver siguiente enlace: el_derribo_franquista_de_la_Institución_ (la culpa la tiene Rousseau). 

La Dictadura nos devolvió en todos los órdenes al antiguo régimen y fundó el nacional-catolicismo, cuyo principal instrumento de propagación fue la escuela, desterrando como principios contrarios al Movimiento los principios de la pedagogía contemporánea y recuperando por casi 40 años la escuela tradicional y tradicionalista (el manifiesto antipedagógico me recuerda mucho a esta idea de devolver la escuela, al punto del cual nunca debió moverse (según ellos, claro): la escuela del antiguo régimen) (la culpa la tiene Rousseau). Para los cinéfilos, es muy ilustrativa de este anhelo antipedagógico que recorre la historia contemporánea la película "La lengua de las mariposas" (Dir. Jose Luis Cuerda). (La culpa la tiene el maestro). 

 La LGE (1970), a pesar de publicarse en el tardofranquismo, "trae la pedagogía" a la escuela española (leedla) de nuevo y con ella la modernidad a nuestro país, la escolarización obligatoria hasta los 14 años y con ella los problemas didácticos del 8º EGB, el bachillerato para amplias capas de la población, una FP más estructurada y dignificada y el acceso a la universidad de los hijos de los trabajadores. Sin embargo, la LGE contó con la oposición de gran parte del magisterio y no llegó a aplicarse en el 3º ciclo de la EGB y en la práctica el nuevo BUP no respondía a los objetivos de la Ley, por no hablar de aquel maravillo COU (Curso de "orientación" Universitaria) que tenía de todo menos de orientación a la Universidad. 

Asistimos al primer gran "maquillaje pedagógico-legislativo" que no se llevó a la práctica por oposición o insumisión de gran parte del profesorado de facto ante la ley. (La culpa la tiene Rousseau). La resistencia antipedagógica se puso en guardia y consiguió que en sus últimos años la LGE fuera un auténtico fracaso, a pesar del barniz de escuela tradicional (nacional-catolicismo) que se le quiso dar con los principios de la "enseñanza personalizada". 

 De la LOGSE ya no os hablo, la resistencia antipedagógica no se hizo esperar y la LOGSE dejó de aplicarse desde el momento en el que alguien en el Ministerio se dio cuenta que para reformar el sistema escolar implicaba la reforma, otra vez, del "método de los dictados" y se acordó de Pablo de Olavide y la reforma de la Universidad de Sevilla.... Podría seguir, pero la entrevista y, me temo, el libro de este emérito profesor de bachillerato responde más al anhelo de recuperar la escuela tradicional, elitista, jerarquizada, autoritaria del antiguo régimen que de solucionar verdaderamente los retos de la escuela del siglo XXI. 

 A diferencia de lo que opina este emérito profesor, los contenidos siguen estando ahí, in crecendo, nunca han desaparecido, sin embargo, la pedagogía, la manera que tiene el profesor de poner en relación al alumno con el contenido y su asimilación, no ha pasado de la mera transmisión de los conocimientos, a pesar de la verborrea pedagógica que llenan nuestras programaciones y proyectos curriculares. Los pedagogos sí somos responsables de consentir que en las programaciones como si de un catecismo se tratara, aparezcan principios pedagógicos basados en las psicopedagogías y que éstos, no pasen de ser papel mojado, porque en la práctica (salvo maravillosas excepciones) la metodología utilizada en las aulas no tiene nada que ver con la pedagogía. 

 Experiencias como la ILE, el Instituto-Escuela, la Escuela Moderna y las experiencias didácticas de tantos profesoras y profesoras anónimas que hoy en sus clases sí utilizan la pedagogía son las que nos dan cuenta de la verdadera contribución de la Pedagogía a la reforma de la enseñanza y a la mejora de la calidad de la educación. Para finalizar y no cansaros más de lo que ya lo he hecho (os pido disculpas) y como prueba de que este emérito profesor siempre se resistió a la Pedagogía por pura ideología (y tantos otros), os copio el siguiente texto extraído de la LGE de 1970 donde habla del BUP, ese BUP del que él cree que no estaba contaminado de Pedagogía, porque como los viejos escolásticos y los viejos jesuitas de entonces no estaban dispuestos a modificar sus métodos de enseñanza. 

Uno. La acción docente en el Bachillerato deberá concebirse como una dirección del aprendizaje del alumno y no como una enseñanza centrada exclusivamente en la explicación de la materia. Tenderá a despertar y fomentar en el alumno la iniciativa, la originalidad y la aptitud creadora. A estos efectos, se le adiestrará en técnicas de trabajo intelectual, tanto individual como en equipo. 

Dos. Los métodos de enseñanza serán predominantemente activos, matizados de acuerdo con el sexo, y tenderán a la educación personalizada." 

PD/ Al menos los jesuitas de Cataluna 260 años después sí piensan que la Pedagogía es una ciencia que ayuda a la educación y puede contribuir a la mejor formación de sus cerca de 13.000 alumnos en Barcelona.

¡Un abrazo y buena semana! 
Daniel Rodríguez Arenas

No hay comentarios: