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lunes, 17 de junio de 2019

A FAVOR DE UN CONTRATO SOCIAL PARA LA EDUCACIÓN


A favor de  un contrato social para la educación
Diez propuestas para el debate
Agustín Chozas Martín, FEAE de CLM

1.- Se entiende que las leyes son para ciudadanos reales y no imaginarios y que deben estar al servicio del bien común y nunca dictarse para beneficio de unas u otras oligarquías
2.-Las leyes deben cuidar escrupulosamente los derechos humanos constitucionales y no retóricos
3.- La realidad social es profundamente desigual, injusta y excluyente. ¿Hay dudas?
4.- Un tercio de la población malvive y no llega al umbral de subsistencia mínima. Por tanto, tampoco pasa la puerta de la escuela
5.- Es una falacia designar a las escuelas como lugares de inclusión, integración o no discriminación, como si de laboratorios se tratara. Toda esa palabrería debiera referirse a la realidad social
6.- Las prioridades educativas no son curriculares, ni siquiera de integración son sociales, sanitarias, de higiene y limpieza, de alimentación, vestido y  habitación…
7.- La primera ley (el apellido importa menos, salvo a los vendedores) ha de serlo para el 30 % de la población que no está, que no puede estar, que no estará. No hay derechos sin el primero de ellos: el derecho a una vida digna. Después, vendrán los otros.
8.-La respuesta bien podría ser un compromiso social, un consenso también social, un contrato ineludiblemente social. Quiere decirse no manejable por oligarcas poco decentes sino por el cuerpo social. Dicho de  otro modo: hablamos de una obligación moral
9.- De una obligación de equidad, de devolución a los desahuciados sociales de sus bienes propios
10.-Hablamos de una respuesta no mercantilizable de necesidades humanas básicas

lunes, 4 de febrero de 2019

La educación, lejos de la justicia


A pesar de que, desde las revoluciones de la época moderna, se apuntaba ya a una educación como elemento básico para apuntalar las estructuras de la sociedad no parece que el progreso haya sido tanto, si no nos dejamos seducir por las proclamas de una política de patio de vecindad o abandonamos el esfuerzo de seguir argumentando a favor de  una educación  ante todo como una necesidad para la supervivencia de aquella parte de la humanidad en riesgo permanente.

Y son los poderes públicos los primeros responsables del desconocimiento consciente de este hecho y, en consecuencia, de la puesta en práctica de una justicia mínima para los sectores sociales más desfavorecidos.

Si no se reconoce la educación como necesidad básica de todo ser humano por el hecho de serlo, la proclamación de la misma como derecho humano no pasa de ser  retórica de una política de consumo que conculca el más elemental principio de la equidad.

En todo caso, en la hipótesis del reconocimiento, primero, de la educación como necesidad primaria y de la misma como derecho humano y para que la justicia se situara cuando menos en el horizonte de los hechos, debiera hablarse de “derecho humano no tanto individual como social”, en contra del liberalismo de salón dominante.

El paso siguiente hacia la conversión de la educación como un hecho de justicia sería la compasión entendida en su sentido más genuino, es decir, la mirada permanente hacia el otro y tanto más si éste es el necesitado. La educación ha de construirse para ser justa sobre la base de actos compasivos, compensatorios, cooperativos y solidarios.
Este difícil progreso para acercar educación y justicia pasa también por la razón bondadosa que, sin desmerecer aspectos emocionales de la conducta humana, se siente obligada por argumentos de solidaridad, de pertenencia, de inclusión y hasta de fraternidad.

Esta educación que seguimos cultivando en pleno siglo de progresos no debiera seguir siendo la mejor coartada de un liberalismo feroz que aleja de la educación todo asomo de ética y, como consecuencia, de valores humanos decisivos y que carece de escrúpulos a la hora de defender sus intolerables maneras de discriminación.

Agustín Chozas M.      FEAE de CLM
Febrero, 2019

jueves, 31 de enero de 2019

Educación y pobreza


 “Estar libres de la necesidad ha sido el gran privilegio que ha distinguido a un porcentaje muy pequeño de la humanidad a lo largo de los siglos” ( Hanna Arendt, “La libertad de ser libres”, 2018 )


Hace más de 50 años Hanna Arendt escribía que “la superación de la pobreza es un requisito previo para la fundación de la libertad”.





Este aldabonazo intelectual plantea cuestiones tan básicas, con frecuencia olvidadas, cómo las  condiciones que  han de darse para que los humanos, todos, puedan ejercer las libertades o de qué ha de disponerse para acceder, todos, a espacios públicos como la educación, el ejercicio de la política o la sanidad.

El breve espacio de estas notas sí permite, no obstante, subrayar algunas cuestiones previas que tanto afectan a la tan cacareada una educación igual para todos. 

En primer lugar, la pobreza, condicionante radical, no como fenómeno social sino como un mal irreversible para altos porcentajes de la población, como hecho histórico constante que ha impedido a tantas personas no ya disfrutar de un mínimo de libertades ,sino, lo que es peor, de un mínimo de condiciones para sobrevivir dignamente.
Ciertamente la pobreza debilita las estructuras sociales y, sin embargo, como se constata en el tiempo, no lo bastante como para que las minorías poseedoras de la libertad se hayan visto finalmente amenazadas. Pueden tambalearse las libertades, pero menos las de los grupos poderosos, con lo que ser libres para tantos ciudadanos es solo un paraguas retórico para disimular las exclusiones sociales.

La educación no ha hecho, ni hará, libres a tantos de nuestros alumnos si sus condiciones de vida (alimentación, sanidad, familia) les destinan en la práctica a la supervivencia en países ricos.

De ello se derivan algunas conclusiones claramente impertinentes para el discurso oficial: la educación que disfraza la exclusión no es otra cosa que una acomodación para que las estructuras de poder no se inquieten demasiado.

En definitiva, si se pretende educar a quienes ya nacieron segregados deberá anteponerse la exigencia de equidad al concepto de libertad de los que ya, solamente ellos, son libres.
Y si la tapadera de la escolarización tranquiliza las conciencias, la buena educación, la educación como bien común no puede renunciar a una humanitaria prioridad como es tratar a los desiguales, por sus condiciones vitales, como lo que son: desiguales, necesitados de restitución de aquellos bienes que a lo largo de la historia les han sido usurpados.


Agustín Chozas M., FEAE de CLM, enero de 2019

domingo, 27 de mayo de 2018

LAS CAUSAS Y CONSECUENCIAS DE LAS FRONTERAS, por Noelia Amaya Toledo


Marta Aja, profesora del IES Cañada Real, de Valmojado (Toledo) nos comparte un fábuloso trabajo realizado por una de sus alumnas de filosofía. Un trabajo, en modalidad de vídeo filosófico, que se ha presentado en las II Olimpiadas Filosóficas de Castilla La Mancha con el tema : Revolución y Utopía. 

 Nuestras felicidades a Noelia Amaya Toledo y su profesora, por el trabajo y colaboración con nuestro Fórum. Os invitamos a seguir compartiendo experiencias.

 A continuación, la alumna Noelia Amaya Toledo  sobreimpresionada con una foto de Zigmund Bauman, autor al que han estudiado mucho este curso.


En el siguiente texto, la propia alumna nos explica su trabajo realizado y al final podréis acceder al vídeo.


Revista Dirección y Liderazgo Educativo: la revista del FEAE

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