lunes, 4 de febrero de 2019

La educación, lejos de la justicia


A pesar de que, desde las revoluciones de la época moderna, se apuntaba ya a una educación como elemento básico para apuntalar las estructuras de la sociedad no parece que el progreso haya sido tanto, si no nos dejamos seducir por las proclamas de una política de patio de vecindad o abandonamos el esfuerzo de seguir argumentando a favor de  una educación  ante todo como una necesidad para la supervivencia de aquella parte de la humanidad en riesgo permanente.

Y son los poderes públicos los primeros responsables del desconocimiento consciente de este hecho y, en consecuencia, de la puesta en práctica de una justicia mínima para los sectores sociales más desfavorecidos.

Si no se reconoce la educación como necesidad básica de todo ser humano por el hecho de serlo, la proclamación de la misma como derecho humano no pasa de ser  retórica de una política de consumo que conculca el más elemental principio de la equidad.

En todo caso, en la hipótesis del reconocimiento, primero, de la educación como necesidad primaria y de la misma como derecho humano y para que la justicia se situara cuando menos en el horizonte de los hechos, debiera hablarse de “derecho humano no tanto individual como social”, en contra del liberalismo de salón dominante.

El paso siguiente hacia la conversión de la educación como un hecho de justicia sería la compasión entendida en su sentido más genuino, es decir, la mirada permanente hacia el otro y tanto más si éste es el necesitado. La educación ha de construirse para ser justa sobre la base de actos compasivos, compensatorios, cooperativos y solidarios.
Este difícil progreso para acercar educación y justicia pasa también por la razón bondadosa que, sin desmerecer aspectos emocionales de la conducta humana, se siente obligada por argumentos de solidaridad, de pertenencia, de inclusión y hasta de fraternidad.

Esta educación que seguimos cultivando en pleno siglo de progresos no debiera seguir siendo la mejor coartada de un liberalismo feroz que aleja de la educación todo asomo de ética y, como consecuencia, de valores humanos decisivos y que carece de escrúpulos a la hora de defender sus intolerables maneras de discriminación.

Agustín Chozas M.      FEAE de CLM
Febrero, 2019

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