miércoles, 12 de septiembre de 2018

¿Por qué las llaman redes sociales cuando quieren decir otra cosa?


¿Por qué las llaman redes sociales cuando quieren decir otra cosa?

 Como, por ejemplo, manipulación, dominio, manipulación, mercado, fomento de la intransigencia, los fascismos,… ¿Quiénes son sus reales dueños? ¿Qué sabemos de sus fines?
Hay que reconocer la habilidad de los creadores de la denominación: en este caso, el adjetivo “sociales” le da un tono de instancia benefactora, bondadosa, filantrópica, inocua y poco menos que caritativa. Para eso están las palabras: para dar cobertura moral a tanta tropelía.
Durante siglos, hasta los poderosos se han dado cuenta de que el entramado, el tejido, el andamiaje sociales había que buscarlo en elementos valiosos y sólidos que dieran estabilidad y permanencia a según qué intereses. Liberalismos, marxismos, socialismo, fascismos, por citar los más significativos, coincidieron en
la imperiosa urgencia en encontrar elementos sustantivos que dieran estabilidad a las relaciones de dominio. Y así seguimos.
Y el fácil argumento para descalificar toda crítica que pueda hacerse de ese “poder brutal” de las redes es que no se puede ir en contra del progreso. Es una falacia infantil: primero, porque no está demostrado que tal fenómeno sea precisamente progreso y, segundo, porque el  problema de la inteligencia artificial y de una de sus caras visibles, como las redes, reside en el uso social y sus efectos, en muchos casos devastadores.
El incremento tecnológico de las vías de interconexión no comporta una mejora en las relaciones humanas: las facilita o las entorpece. Y esta es la cuestión.
No es posible demostrar que las redes creen redes de valores compartidos, de solidaridad, de lucha contra la desigualdad y la pobreza o que promueven otras fórmulas de movilidad social o que consoliden un tejido social en el marco de una sociedad más global.
Hoy por hoy las únicas “redes sociales” que han demostrado su solvencia y su ineludible necesidad son otras: la sanidad, la educación, la inclusión social, las políticas de compensación, el tratamiento fiscal distinto de la acumulación de riquezas, etc.
Tal vez convenga llamar a las cosas por su nombre…
Agustín Chozas M.   FEAE de CLM

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